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you are here: Revive » 1 January 2009 » Apena Buena...

Apena Buena

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by Mayora Eva Kleman, Territorio de Finlandia y Estonia


Mayora Eva Kleman
‘¿Me tienes miedo?’ me gritó, casi escupiéndome a la cara. A pesar de tener 30 años de ofíciala, tuve que confesar que su experiencia si me asustó. Ella no me asustó, lo único que me asustó era su experiencia; pues su belleza interior nunca desapareció. Sί, había sido afectado por vergüenza y culpa. Le torturaba la memoria de su padre – un borracho – que abusaba de su esposa y su hija – y todo esto escondido por un hermoso hogar. Muchos años de dolor ahora se manifestaron en esta reacción honesta de esta mujer tan linda.

Cuando pasamos por eventos dolorosos en nuestras vidas, ¿cómo encaramos el dolor? ¿Qué hacemos para demostrar nuestra tristeza? En mi propia experiencia he visto que los sentimientos de tristeza no pasan así nomás; no desaparecen como la neblina matutina.

Siempre hay un momento cuando tengo que reconocer que no soy un superhéroe. Primero, pongo una cara larga, después, todo me fastidia; entonces me pongo a llorar, o gritar a veces – y por fin llega el final … el famoso dolor de estomago. Busco consuelo y consejo. Reconozco que no tiene nada de mal pedirle a alguien que me ayude a procesar mis pensamientos.

Me permito a mi misma sentir tristeza – no me preocupo por mi reputación. Sé que sentirme triste me ayuda a encarar el dolor y la pena. Cuando puedo encarar la tristeza y el dolor, puedo también comenzar a sanar.

Las tristezas pueden dejarnos con cicatrices o heridas que no se quieren sanar. Si no encaramos el dolor, nuestro comportamiento nos lastimará a nosotros y también a otros. Las mujeres sabemos esconder nuestra tristeza. Comemos galletitas, o vamos de compras. Algunos experimentan resultados negativos como anorexia, bulimia o abuso de alcohol o drogas. Sin embargo, estas cosas solo son fugas de nuestra depresión. Huir del problema no nos hace sentir mejor por siempre. El alivio que nos dan estos remedios temporarios no dura para siempre. Después de poco tiempo, necesitamos más. Así comienza el ciclo de la adicción.

Cuando no encaramos el dolor, ¡que lío hacemos! La tristeza se mezcla con un sentido de desánimo; pensamos que no somos lo suficiente buenos y comenzamos a juzgarnos a nosotros mismos y a otras personas también. Creemos que no merecemos las buenas palabras que otros nos dan. No sabemos recibir cumplidos. Dios quiere que cada mujer valore a si misma. Él nos creó en su propia imagen y nos valora como Sus hijos. Cuando Jesús se sentó con la mujer en el pozo (Juan 4:1-42), habló de distintos aspectos de su vida. Él la escuchó. Esta mujer tenía tristezas y desilusiones. Sin embargo, Jesús no le juzgó por sus debilidades o errores. Al contrario, le ayudó a encarar sus fracasos anteriores.

Encare tu dolor. Está bien tener un momento de debilidad. En tu debilidad, Él es fuerte. Cuando podemos encarar nuestras tristezas y dolores, sinceramente podemos cumplir nuestra misión de ayudarles a otros y restaurarles su sentido de valor.

- Traducido por Kristin Rivero


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